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    Teatro Isabel La Católica
María Adánez protagoniza este mes “La Señorita Julia” en el Isabel La Católica “La Señorita Julia”, de Strindberg, dirigida por Miguel Narros..


mayo


“La señorita Julia”, pieza emblemática del naturalismo escénico y máximo exponente de la dramaturgia de August Strindberg, llega este mes, concretamente el fin de semana del 16 al 18, al escenario del Teatro Isabel La Católica, en una versión de Juan C. Plaza-Asperilla puesta en escena por Miguel Narros. La actriz María Adánez, en el personaje de la señorita Julia, encabeza el reparto que completan Raúl Prieto (Juan, el sirviente) y Chusa Barbero (Cristina, la cocinera). Del espectáculo se ofrecerán cuatro únicas funciones: el viernes 16, a las 21 horas; el sábado 17, a las 19 y a las 22 horas, y el domingo 18 a las 19 horas.

August Strindberg (1849-1912), dramaturgo y novelista, está considerado como el padre de la literatura sueca moderna, a la que aportó una extensa producción que recorre prácticamente todos los géneros. Pero son sus dramas, sin duda, lo mejor de su creación literaria. Escritos de forma directa e incluso cruel, con muchos episodios inspirados en la propia vida del autor, reflejan toda una serie de conflictos individuales, familiares y de clase que constituyen un duro golpe a la sociedad y que difícilmente dejan indiferente al espectador. De todos ellos “La señorita Julia” -todo un escándalo cuando se estrenó en su época por pervertir el orden establecido-, es el texto más destacado, y también el más significativo del teatro sueco.

La obra plasma la lucha de clases, de sexos, de ideas... a través de la visión atormentada de Strindberg, que ofrece una auténtica lección sobre la condición humana. El montaje que podrá ver el público granadino se aleja de los caminos más trillados de la historia para ir a la esencia del texto del autor sueco y mostrarla con pasión, ritmo y profundidad en un espectáculo vibrante y tórrido.

Con música en directo –violín y acordeón- y unas interpretaciones modélicas y muy convincentes del trío protagonista, la puesta en escena de Miguel Narros centra su interés en el afloramiento de las pasiones humanas: las de una señorita Julia, aristócrata inconformista que reniega de las normas de su clase, pero también de las de Juan, el criado, que se debate entre un natural complejo de inferioridad por su pertenencia al ámbito social de los sirvientes y una conciencia de individuo dominante que le da el saberse hombre joven y deseado. Se establece de esta forma, explica el autor de la versión, Juan C. Plaza-Asperilla, “una constante lucha entre lo nuevo y lo viejo, el fuerte y el débil, una clase baja emergente y con instinto de supervivencia y una clase alta abocada a la decadencia. Pero no sólo eso, también hay un enfrentamiento entre la religión y el ateísmo, la monarquía frente a la república, la emancipación de la mujer frente a su dependencia del hombre”.

Con todos estos ingredientes no es de extrañar que “La señorita Julia” haya sido interpretada en innumerables ocasiones –el propio Narros ya la dirigió en los años 50 con Margarita Lozano en el papel principal- países y montajes distintos. La historia ha traspasado incluso los escenarios del teatro para llegar al cine, a la ópera y al ballet.

“La Señorita Julia”, de August Strindberg
Bajo la dirección de Miguel Narros y versionada por Juan C. Plaza-Asperilla.
Con María Adánez, Raúl Prieto y Chusa Barbero.
Viernes 16, 21h; sábado 17, 19 y 22h, y domingo 18, 19h.
www.espectaculosgranada.com

Teatro Isabel La Católica
Acera del Casino, S/n. Granada
www.granada.org



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




    Teatro Alhambra.
El Teatro Alhambra comienza en nuevo año a lo grande
Una programación de la Empresa Pública de Gestión de Programas Culturales, de la Junta de Andalucía.

 

mayo


El Teatro de la calle Molinos comienza el año con una programación cargada de calidad, buen humor, teatro, danza y música de primer nivel que no debemos dejar de ver.

Para comenzar el mes, LaSAL Teatro nos propone “La voz se me hace agua” un nuevo montaje con el que recorrerán de ríos, mares y lagos.

Camino de cumplir diez años de andadura escénica, La Sal Teatro, o lo que es lo mismo Piru Gómez y Julia Ruiz, estrenan su nueva producción, “La voz se me hace agua”, un entrañable y divertido espectáculo con el que concienciarán a los más pequeños sobre la importancia de cuidar y valorar un recurso escaso y fundamental como es el agua.

De buen seguro que volverán a cosechar éxitos como los que les reportaron anteriores espectáculos como Zapatos o El Gran Traje por los que fueron nominadas como Compañía revelación andaluza en los Premios Max 2002 y 2003 respectivamente y que son sólo un ejemplo de los muchos premios y galardones recibidos a los largo de estos años.

Después, la Laví e Bel presenta “Cabaret Líquido”, un montaje que es mucho más que lentejuelas, plumas, humo y copas, dentro del ciclo de funciones para escolares. “Cabaret Líquido” es un espectáculo creado para la Exposición Universal de Zaragoza de 2008 y que es un viaje por el mundo, una apuesta por el desarrollo sostenible con el agua como eje principal. Una nueva apuesta de estos granadinos por el cabaret contemporáneo que es mucho más que lentejuelas, plumas, humo y copas.

Cabaret Líquido no es incoloro, no es transparente. No te permite ver en su interior con facilidad. No se trata del mar de las cosas hechas sino de las cosas por hacer. El cabaret es poético, indirecto, es antinaturalista, simbólico. No da respuestas. No es evidente. Tampoco es opaco. Es Translúcido y colorido. Un espejo deformante, en el que la vida aparece gorda y altísima, con una cabeza como un guisante.

Cabaret Líquido no es insípido. Es un raro alimento que cambia de sabor constantemente. Del primer bocado es picante, te hace arder, luego es sabroso con un sabor que no sabes definir. Tiene sal, mucha sal. Te vas con un sabor en la boca extraño. Nunca habías probado esa fruta llena de espinas por fuera, pero dulce por dentro.

Cabaret Líquido no es inodoro. El aroma del cabaret es poderoso. Una mezcla de humo, alcohol, sudor y perfume francés. Huele a humanidad perfumada este cabaret. La naftalina no tiene lugar. Hay quien perfuma sus cajones con membrillo. Este cabaret huele a viejo, a fragancia antigua. Sus canciones suenan a cuerda, a soplo, a cuero.

Más tarde, llega “Hermanas” de La Villarroel, una obra creada y dirigida por Carol López. Un espectáculo atravesado de principio a fin por aires “chejovianos” que nos hará reír, partiéndonos el alma al mismo tiempo… una gran comedia.

Tras sus dos últimos espectáculos, esta directora catalana -descubierta y apadrinada hasta la fecha por el Teatre Lliure de Barcelona donde consiguió el respeto de los amantes del teatro- da el salto a la conquista del territorio nacional. De Carol podría decirse que, siendo absolutamente fiel a los parámetros de la comedia, ha conseguido injertarle una serie de elementos personales para, actualizándola, conectar con la risa de la mujer y el hombre de hoy.

Carol López se ha inspirado en Las tres hermanas de Chéjov para retratar los entresijos de una familia que se reúne en el funeral del padre. La pieza es una maravillosa comedia melodramática que toma como excusa la muerte del patriarca de una familia acomodada para hacernos reflexionar con inteligencia y sin pretensiones, sobre las relaciones familiares y, en espacial, sobre los vínculos que hay entre las mujeres de una misma saga que intentan reconstruir sus vidas.

Hay que ser muy valiente para hacer comedia. Para arriesgarse a ser tildado de banal, evasivo, “comercial”. En el teatro de hoy, como en casi todo, puedes colarlo de matute a poco que ahueques la voz y proclames que tu ceñudo latazo es una “reflexión”. El público bostezará hasta la dislocación mandibular, pero saldrá convencido de haber visto algo muy importante.

Carol López hace comedia. Se salva y nos salva. Hermanas es su nuevo regalo. Nos parte de risa y nos parte el alma y luego nos ofrece instrumentos para tratar de recomponerla. La comedia empieza y acaba con una muerte. Carol López sabe lo que se hace. Pónganse en sus manos y vean Hermanas: nos lo agradecerán.

Después, los chicos de Síndrome Clown atacan de nuevo más surrealistas, descarados y extravagantes que nunca, en este caso, concretamente atacan las chicas, las Síndrome en "5 horas sin marío"… Poco más se puede decir de un espectáculo con semejante título. Síndrome Clown vuelve a hacer gala de su humor más extravagante, surrealista y descarado presentando a “Las Síndrome” en “cinco horas sin marío”.

Tres mujeres de luto, tres payasas enlutadas, un funeral, la mujer, la amante y el “marío”. ¿Un drama? ¿Una comedia? ¿Una tragedia? ¿Una tragicomedia? ¿Una comedia dramática?

Rompiendo una vez con más tópicos y estereotipos, estos sevillanos se atreven con un tema que puede parecer poco apropiado para un espectáculo cómico -no sabemos qué pensará Don Miguel Delibes-, pero no dudan en invitarnos a disfrutar el gustazo de reírte en un velatorio... porque no siempre se mueren los buenos. Síndrome Clown cuenta además para este espectáculo made-in femenino con tres todoterrenos de la escena cómica andaluza: Beatriz Cotobal, Rocío Galán y Rocío Lajurita -que actualmente triunfa con su propia compañía Hombre de Piedra-.

Después continúa el ciclo para Centros Docentes con “La vida de un piojo llamado Matías” de Fernando Aramburu, de la mítica compañía El Espejo Negro. Un lenguaje corrosivo y burlón, más de ocho espectáculos teatrales y más de cien mil funciones hacen de esta compañía andaluza una de las mejores compañías europeas de teatro de títeres.

El Espejo Negro, con un sello absolutamente propio, y de la mano del creador y autor teatral Ángel Calvente, ha sabido labrarse un camino en el difícil mundo del Teatro, creando escuela dentro del panorama teatral español, sobre todo el mundo de las marionetas para adultos y las artes parateatrales, dejando siempre el nombre de El Espejo Negro, y Andalucía, en un lugar destacado en las programaciones teatrales de medio mundo, siendo hoy en día un referente dentro del mundo de las marionetas.

En el espectáculo que nos presentan, tres marionetistas, a cara descubierta, prestarán sus manos y voces para dar vida a los diferentes personajes de la obra. Un espectáculo estructurado en sketchs unidos entre sí por el humor, la sorpresa y la imaginación.

Recurriendo a sus propias técnicas de manipulación, y a un lenguaje sugerente y provocador de imágenes y sonidos, El Espejo Negro enfrenta, encima del escenario, a personajes reales (los manipuladores) y a sus antagonistas de goma-espuma (los piojos), en un mestizaje total entre ambas razas de actores.

Un espacio negro, un pequeño escenario, y diferentes elementos escenográficos, nos servirán para poner en pie el universo de nuestros pequeños protagonistas; ventiladores, telas, plásticos, y un sin fin de marionetas de diferentes tamaños arropados por la luz y el sonido, convertirán La vida de un piojo llamando Matías en el montaje perfecto, para activar las neuronas del más despistado de nuestros pequeños espectadores.

Más tarde, el Centro Dramático Nacional, nos trae “Sí, pero no lo soy”, con texto y dirección de Alfredo Santol. 38 personajes representados por cinco excelentes actores en una antigua boite de los años 60 nos adentran en los problemas de identidad desde el humor y la sorpresa.

Lo primero que sorprenderá de la obra será llegar a la sala y encontrar el escenario ambientado como si fuera una antigua boite de los años 60. En efecto, la cuidada escenografía de «Sí, pero no lo soy» -y que recrea con lujo uno de esos bares decadentes de los años sesenta, con bola de discoteca, espejos por doquier y asientos tapizados en rojo- confirma al espectador que están en un teatro público, aunque éste haya sido «ocupado», para bien, por una compañía curtida en otros territorios. Alfredo Sanzol, autor y director de este puñado de historias entrelazadas con alma de micro poesía y de sana subversión, ha «robado» ideas de internet para hacerlas materia teatral que resulta a ratos muy divertida y, en otros, deliberadamente melancólica.

En una hora y diez minutos, cinco actores recrean retazos de historias unidas por un tema común: la búsqueda de la identidad de sus protagonistas. El escenario reproduce el ambiente íntimo del interior de un bar. Y los actores, vestidos como de los maravillosos años 60, con elegantísimos vestidos, con trajes señoriales y peinados perfectos, hacen el paso de una escena a otra bailando con una banda sonora de la misma época.

Alfredo Sanzol es un madrileño de 35 años que ha estrenado este espectáculo en el Centro Dramático Nacional por sus muchos méritos en siete años de carrera profesional. Primero quiso ser abogado y ahora compatibiliza su licenciatura jurídica con la dramática: “todo aporta algo, sí”.

Dice Sanzol, que Sí, pero no lo soy, es una historia de historias. Una historia formada por varias historias que protagonizan personajes que intentan saber quiénes son y quiénes son los demás, una historia de la personalidad fragmentada, de la saturación del yo, una historia del intento de conseguir algo que parece imposible: saber quiénes somos y saber quiénes son los demás”.

Lo que esta producción nos ofrece es teatro auténtico, bien escrito y bien representado o como dice Marcos Ordonez en El País (Babelia) Quince historias como quince soles, situaciones cotidianas que llevan a una dimensión desconocida.

Y en los últimos días de enero nos llega, “Loin (lejos)” de L'A / Rachid Ouramdane, un solo de danza-teatro, una obra de danza y teatro multimedia personal, poética y extraordinaria.

Ouramdane vivió su infancia en un humilde barrio de viviendas protegidas de la localidad de Annecy. A los 6 años bailaba en la calle y aprendía lo que otros chicos mayores estuviesen haciendo. A los 15 empezó a ir a clases de baile contemporáneo y continuó con ellas mientras estudiaba en la Universidad de París. Más tarde, lo aceptaron en el prestigioso Centre National de Danse Contemporaine en Angers. Desde entonces, ha trabajado como bailarín y asesor artístico con artistas como Hervé Robbe y Odile Duboc. Fue con esta última compañía compañía donde empezó a usar el vídeo; actualmente, se considera un artista multimedia, no un coreógrafo.

A lo largo de una hora, en Lejos Ouramdane relata historias de miedo y de una terrible crueldad, su voz serena y mesurada, aunque a veces le tiemblan las manos, al parecer de forma incontrolable. En la pantalla aparecen las caras de víctimas de la guerra y se oyen sus voces que revelan confusión y desolación. Se arrodilla, se pone boca arriba y gira en círculos como expresando sus experiencias. Pisando unos pedales en el suelo, activa una animada música incongruente y comienza a ondear y balancear la cabeza en un sinuoso smurf, una especie de hip-hop urbano francés. Va creando gradualmente un collage resonante con conexiones implícitas.

Ouramdane se pasó dos años reuniendo los elementos para Lejos empezando por los diarios de su padre y, más tarde, partiendo hacia Vietnam para seguir el rastro de su progenitor. El impulso provino en parte de mi propio pasado, comenta. Pero mi verdadero objetivo era descubrir como se las arregla la gente para superar las secuelas de la guerra.A lo largo del camino, entrevisté y filmé a estadounidenses y vietnamitas. Algunos habían desarrollado amnesia intencionada en torno el pasado. No los culpo; no puedo juzgarlos. Sé que yo provengo de un lugar muy seguro.

Al regresar, trabajó con el vídeo y, más tarde, le incorporó movimiento, palabras habladas y música. No tiene ninguna compañía, ni tampoco la quiere. Sólo mantiene a dos administradores y casi nunca colabora con la misma gente dos veces, reuniendo lo que sea y a quien sea necesario para cada proyecto.

El desgarrador material de Ouramdane podría llevarnos a imaginarle coreografiando una obra rabiosamente antibélica.

Dentro del ciclo para Centros Docentes tendremos también la posibilidad de ver “El destino de Simón”, escrita por Macarena Pérez Bravo y Josemi Rodríguez y puesta en escena por de Pata Teatro. Décimo aniversario de los malagueños Pata Teatro que cuentan para la ocasión con la magistral dirección de Julio Fraga.

La compañía malagueña Pata Teatro celebra su décimo aniversario con el estreno de su nuevo espectáculo El destino de Simón, una obra completa que trata de trasmitir a los más jóvenes -y también, por qué no, a los adultos- la ilusión por conseguir que los sueños en la vida se hagan realidad. Y lo harán a través de Simón, un hombre cualquiera, de una ciudad cualquiera, que lleva una vida como cualquiera pero que por avatares del destino queda encargado de pronto de una Oficina de Objetos Perdidos que cambiará su vida.

Pata Teatro, una compañía que, en su ya larga andadura, ha apostado por producciones escritas por ellos mismos que les han aportado numerosos éxitos en festivales y encuentros teatrales de todo el territorio nacional. Pero, además, para esta especial celebración cuentan con la batuta experta en la dirección de Julio Fraga quien contribuirá sin duda a plasmar sobre las tablas ese ritmo trepidante de acción e intriga que la compañía tiene como seña de identidad en sus espectáculos infantiles.

El destino de Simón no es sino un paso más en una dilatada experiencia en teatro infantil y familiar –ésta es su séptima producción en este género-, cuya finalidad es divertir con un humor entre los absurdo y la realidad, a través de una lenguaje que conecta directamente con el público. Pero también es un desafío para estos malagueños quienes han tomado como referencia e inspiración, además de su propia experiencia personal, a creadores tan dispares como el cineasta Jean-Pierre Jeunet, el escritor Markus Zusak o el dramaturgo Darío Fo, con el objetivo de aportar una nueva perspectiva a su trabajo.

Y el mes concluye con “Arizona” cuyo autor y director es Juan Carlos Rubio para Mutis Producciones. Juan Carlos Rubio explora el dogmatismo y la irracionalidad de la intolerancia y el racismo a través de dos personajes que van arquetípicos de “cacería” en Arizona.

El dramaturgo cordobés Juan Carlos Rubio presenta Arizona, una de sus obras más polémicas y controvertidas sobre el odio racial y la xenofobia. Dos turistas de los más típicos acampan en una árida zona del desierto de Arizona. Sin embargo, George y Margaret no son simples campistas, son dos norteamericanos pertenecientes a la organización Minutemen, formada en el año 2005 con voluntarios armados que pretendían proteger las fronteras de Estados Unidos de la entrada de inmigrantes ilegales.

A partir de ahí, Rubio profundiza en la más pura violencia de género, prejuicios arraigados, inculcados como dogmas que no dan lugar a refutación ni cuestionamiento alguno. La intolerancia con aquello que es diferente, con aquel que nos hace sr más conscientes de nuestras propias vergüenzas y miserias.

Con una puesta en escena puramente funcional -un paisaje del desierto cubre la pared donde aparecen y se mueven los personajes- el director y dramaturgo es capaz de desarrollar en tan sólo una hora y diez minutos un tema de enorme complejidad, un resumen de la ideología de quienes predican el odio como una solución, una evocación de la incapacidad de algunos de no aceptar otra vía de entendimiento que no sea la armada.

Arizona ha sido galardonada con el Premio de Teatro Lope de Vega 2005, con el Premio FATEX 2006 y con los Premios a la mejor dramaturgia y a la mejor actriz en la Feria de Teatro en el Sur. Palma del Río 2008. Éste último reconocimiento absolutamente innegable, en tanto que es precisamente Aurora Sánchez en su papel de esposa sumisa quien conquista al espectador, impregna de credibilidad un personaje difícil y que podría haber resultado plano en exceso y hace gala de un dominio de la escena sorprendente.

El director también ha querido defender una decisión relativamente polémica como es situar la escena en Estados Unidos, hecho que justifica afirmando que la violencia y la intolerancia no son patrimonio de un solo lugar. Con esta obra ha pretendido hacer un alegato a favor del diálogo como mejor vía para resolver los problemas. Y lo ha conseguido.

Teatro Alhambra
Molinos, 56. Granada.
958 028 000
info.teatro.alhambra@juntadeandalucia.es
www.teatroalhambra.com